En el colegio, en el parque o en la calle, los niños se encuentran con personas que se mueven, hablan o aprenden de forma distinta. Su curiosidad es sana. Lo que marca la diferencia es cómo respondemos los adultos.

Ideas para la conversación

  • Responder sin hacerles callar. Un «eso no se mira» transmite que la diferencia es motivo de vergüenza.
  • Usar palabras claras y respetuosas. «Va en silla de ruedas porque sus piernas no pueden llevarle».
  • Hablar primero de la persona. Qué le gusta, a qué juega, qué tienen en común.
  • Explicar que justo no significa igual. Cada uno recibe lo que necesita para poder participar.
  • Elegir cuentos y series con personajes diversos.

De las palabras a los hechos

La inclusión se practica. Podemos animarles a invitar a jugar a quien suele quedarse al margen, a adaptar las reglas de un juego para que todos puedan participar y a no reír las gracias cuando alguien se burla de otro.

Nuestro ejemplo

Los niños escuchan cómo hablamos de los demás en casa. Los comentarios que hacemos sobre personas con discapacidad, de otros orígenes o con otras formas de vivir son la lección más influyente.