El humor es una herramienta educativa poco valorada. Un momento de risas puede desatascar una mañana complicada mucho mejor que tres avisos seguidos, y enseña a los niños que los problemas se pueden mirar desde otro lado.

Para qué sirve

Relaja el ambiente, reduce las luchas de poder y hace que nos vean cercanos. Además, reírse de uno mismo es un buen modelo de cómo tolerar los errores.

Maneras de usarlo

  • Convertir una rutina en juego. Los zapatos que «hablan» y piden un pie.
  • Exagerar. «En esta habitación hay tantos calcetines que podríamos abrir una tienda».
  • Equivocarnos a propósito para que nos corrijan.
  • Inventar canciones para lavarse los dientes o poner la mesa.
  • Reírnos de nuestros despistes en voz alta.

Los límites

La ironía y el sarcasmo no se entienden bien hasta los ocho o diez años, y pueden hacer daño. Tampoco conviene bromear sobre características del niño ni usar el humor cuando está realmente triste o asustado: en ese momento necesita que le tomemos en serio.

Si dudamos, una pregunta ayuda: ¿nos estamos riendo los dos?