Compartir padres, espacio y juguetes genera conflictos de forma inevitable. Buena parte de las peleas tienen un objetivo de fondo: la atención de los adultos. Por eso la manera en que respondemos puede aumentarlas o reducirlas.

Qué las alimenta

Las comparaciones («mira a tu hermano»), las etiquetas («el responsable», «la movida»), hacer siempre de juez y exigir al mayor que ceda siempre porque «es el mayor».

Qué ayuda

  • Tiempo individual con cada uno. Quien tiene su ración de atención no necesita competir tanto.
  • Tratarles según lo que necesitan, no exactamente igual.
  • No buscar culpables. Describir el problema: «hay dos niños y un solo mando».
  • Enseñar a negociar: turnos, intercambios, usar un temporizador.
  • Elogiar la cooperación cuando juegan bien, que es cuando menos atención solemos dar.

Cuándo intervenir

Si discuten sin hacerse daño, podemos darles la oportunidad de arreglarlo. Si hay agresión física o insultos, hay que pararlo, separarles hasta que se calmen y hablarlo después.

Normas de casa

Pocas y claras: no se pega, no se insulta y se pide permiso antes de coger las cosas del otro. Hechas entre todos, se cumplen mejor.