Que un niño rechace verduras o platos nuevos es muy frecuente y forma parte del desarrollo. La mayoría amplía su dieta con los años, siempre que las comidas no se conviertan en un conflicto.

Qué funciona

  • Ofrecer muchas veces. Un alimento puede necesitar diez o quince presentaciones antes de ser aceptado.
  • Poner poca cantidad al lado de comida que ya le gusta.
  • Repartir responsabilidades. El adulto decide qué se ofrece y cuándo; el niño decide cuánto come.
  • Comer juntos y de lo mismo. Nos observan más de lo que nos escuchan.
  • Hacerle participar. Elegir la fruta en el mercado, lavar las verduras, remover.

Qué conviene evitar

Obligar, castigar o premiar con postre: convierte la verdura en un trámite y el dulce en el premio. Tampoco ayudan las pantallas en la mesa ni preparar un menú aparte cada día.

El ambiente

Horarios regulares, comidas sin prisas y conversación sobre otras cosas. Si un día no quiere probarlo, se retira el plato sin comentarios y se vuelve a ofrecer otro día.

Si la variedad es muy reducida o hay pérdida de peso, conviene comentarlo con el pediatra.