¿Por qué es importante la socialización de mi hijo o hija?
Jugando con otros niños se aprende a compartir, a negociar y a ponerse en el lugar del otro. Son habilidades que no se enseñan con explicaciones, sino con práctica.
Jugando con otros niños se aprende a compartir, a negociar y a ponerse en el lugar del otro. Son habilidades que no se enseñan con explicaciones, sino con práctica.
La relación con los iguales es uno de los grandes motores del desarrollo entre los seis y los doce años. Con los amigos, los niños ensayan cosas que con los adultos no pueden: hacer turnos sin que nadie mande, resolver un desacuerdo, ganar y perder.
Ofrecer oportunidades variadas, como el parque, una actividad extraescolar o invitar a un compañero a casa. No hace falta organizarlo todo: el juego libre, sin un adulto dirigiendo, es donde más se aprende. También ayuda hablar después de cómo ha ido, sin interrogar.
Los hay que disfrutan de grupos grandes y los hay que prefieren uno o dos amigos. Ser reservado no es un problema. Sí conviene observar si evita siempre a los demás, si vuelve triste de la escuela o si no lo invitan nunca, y hablarlo con la tutora o el tutor.