Para un niño, tener un hermano o una hermana es una de las primeras grandes transiciones. De golpe comparte la atención de los adultos y ve que las rutinas cambian. Es normal que haya celos, pasos atrás o más demandas de atención: no son mala conducta, sino su manera de preguntar si todavía tiene su lugar.

Antes de que llegue

  • Explicarle qué pasará con palabras sencillas y sin idealizarlo: los bebés lloran y duermen mucho.
  • Mirar fotos de cuando él era pequeño.
  • Adelantar los cambios grandes, como el de habitación, para que no los relacione con el bebé.

Cuando ya está en casa

  • Reservar un rato diario solo para él. Diez minutos de juego sin interrupciones valen mucho.
  • Darle un papel, sin obligarle. Elegir el pijama del bebé o cantarle una canción.
  • Aceptar lo que siente. «A veces echas de menos cuando éramos tres» calma más que «lo tienes que querer».
  • No comparar ni pedirle que se comporte como un mayor de golpe.

Si vuelve a hablar como un bebé o a pedir el chupete, suele ser pasajero. Con paciencia y cariño, la relación entre hermanos se va construyendo día a día.