Ante la muerte de una persona querida o de una mascota, la primera reacción de los adultos suele ser proteger a los niños apartándolos. Pero lo que los protege es entender qué ha pasado y sentirse acompañados.

Cómo dar la noticia

  • Pronto, y una persona cercana.
  • Con palabras claras. «Ha muerto», no «se ha ido» ni «se ha dormido», que confunden y pueden dar miedo.
  • Explicar qué quiere decir: el cuerpo ha dejado de funcionar y no volverá.
  • Responder a las preguntas, aunque se repitan.

Cómo lo viven

En primaria ya entienden que la muerte es definitiva, y pueden preocuparse por si morirá alguien más. El dolor suele aparecer a ratos: lloran y al poco rato juegan. También puede salir en forma de enfado, dolor de barriga o problemas para dormir.

Cómo acompañar

  • Compartir nuestra tristeza sin desbordarlos.
  • Dejarles participar en las despedidas si quieren, explicándoles antes qué verán.
  • Mantener las rutinas.
  • Recordar a la persona: mirar fotos, hacer un dibujo, guardar un objeto.
  • Avisar a la escuela.

Cuándo pedir ayuda

Si pasados unos meses el malestar no afloja, hay mucha culpa o el niño deja de hacer su vida, conviene consultar con un profesional.