Muchos niños tienen rituales: el mismo cuento cada noche, los peluches colocados en un orden concreto, evitar las rayas de las baldosas. Estas rutinas dan seguridad y suelen ser flexibles. Si un día no se pueden hacer, hay una protesta y la vida continúa.

Señales que conviene observar

  • Las conductas ocupan mucho tiempo, por ejemplo más de una hora al día.
  • El niño se angustia mucho si no las puede hacer o las tiene que repetir «hasta que queden bien».
  • Interfieren con la escuela, el sueño o el juego.
  • Pide constantemente que lo tranquilicemos con la misma pregunta.
  • Evita lugares u objetos por miedo a la suciedad o a que pase algo malo.

Qué podemos hacer en casa

No burlarnos ni reñirle: no lo hace adrede. Tampoco conviene participar en los rituales ni responder una y otra vez a la misma pregunta, porque eso los mantiene. Ayuda poner nombre a la preocupación y hablarlo con calma.

Cuándo consultar

Si las señales anteriores se mantienen durante semanas o van a más, vale la pena pedir una valoración a un profesional de la psicología infantil. Hay tratamientos eficaces, y cuanto antes se empieza, mejor funcionan.