¿Por qué es importante que mi hijo o mi hija jueguen?
Jugar no es perder el tiempo. Es la manera natural en que los niños y niñas aprenden, se relacionan y entienden lo que sienten.
Jugar no es perder el tiempo. Es la manera natural en que los niños y niñas aprenden, se relacionan y entienden lo que sienten.
Entre deberes, extraescolares y pantallas, el tiempo de juego libre se ha ido reduciendo. Y, sin embargo, es una de las actividades más valiosas de la infancia.
Es el que decide y dirige el niño, sin un adulto que marque qué hay que hacer. No requiere juguetes caros: cajas, palos, disfraces o una pelota dan más posibilidades que muchos aparatos.
Reservar tiempo cada día, ofrecer espacio y materiales sencillos, y salir al aire libre siempre que se pueda. Cuando jugamos con ellos, dejar que lleven la iniciativa. Y tolerar el aburrimiento: suele ser el minuto antes de una buena idea.
A los diez o doce años todavía necesitan jugar, aunque el juego cambie: deportes, juegos de mesa, construcciones, inventar historias.
El derecho al juego está reconocido en la Convención sobre los Derechos del Niño. No es un lujo.