¿Cómo ayudar a nuestros hijos e hijas a gestionar su enfado?
Enfadarse es normal y sano. Lo que hay que aprender es qué hacer con el enfado sin hacer daño a nadie.
Enfadarse es normal y sano. Lo que hay que aprender es qué hacer con el enfado sin hacer daño a nadie.
El enfado es una emoción útil: avisa de que algo nos parece injusto o de que no hemos conseguido lo que queríamos. El problema no es sentirlo, sino expresarlo pegando, gritando o rompiendo cosas.
Podemos ayudarles a notar las primeras señales en el cuerpo: calor en la cara, puños cerrados, el corazón rápido. Un «termómetro del enfado» dibujado, del uno al cinco, les sirve para decir cómo están antes de estallar.
Estas herramientas se practican cuando está tranquilo, no en medio de la tormenta.
Validar la emoción y poner límite a la conducta: «puedes estar enfadada, pero no puedes pegar». No responder con gritos a sus gritos. Y hablarlo después, buscando juntos una solución a lo que le ha enfadado.
Los niños aprenden a gestionar la rabia viendo qué hacemos nosotros con la nuestra. Decir «ahora estoy demasiado enfadado para hablar, vuelvo dentro de cinco minutos» es una lección muy potente.