¿Cómo puedo cambiar la conducta de mi hijo o hija a través del elogio?
La atención es el refuerzo más potente que tenemos. Un elogio concreto e inmediato hace que la conducta que nos gusta se repita.
La atención es el refuerzo más potente que tenemos. Un elogio concreto e inmediato hace que la conducta que nos gusta se repita.
Las conductas que reciben atención tienden a aumentar. A menudo, sin querer, prestamos mucha atención a lo que no nos gusta («¡para!», «¡te he dicho que no!») y poca a lo que funciona. El elogio da la vuelta a esta balanza.
Pensar cuál es la conducta contraria a la que nos preocupa y salir a «cazarla». Si grita, elogiar cuando habla con voz tranquila. Si se pelea con su hermano, elogiar cuando juegan bien.
No, elogiar no malcría: lo que malcría es elogiar sin motivo. Y no hace falta hacerlo siempre con la misma intensidad; cuando la conducta ya es un hábito, basta con hacerlo de vez en cuando.
Proponeos encontrar cada día tres cosas que haya hecho bien y decírselas.