Muchos padres y madres querrían que sus hijos se lo contaran todo. La comunicación, sin embargo, no se pide: se construye cada día con la manera en que reaccionamos a lo que nos dicen.

Crear momentos

  • Una comida al día sin pantallas.
  • Ratos de uno a uno: el camino a la escuela, la hora de ir a dormir.
  • Hacer cosas juntos. Muchos niños hablan más mientras cocinan o pasean que sentados cara a cara.

Escuchar de verdad

  • Dejar lo que estamos haciendo y mirarles.
  • No interrumpir ni acabarles las frases.
  • Repetir con nuestras palabras lo que han dicho: «o sea, que te ha dado rabia que no te esperaran».
  • Preguntar antes de aconsejar: «¿quieres que te ayude o solo quieres contármelo?».

Lo que cierra la comunicación

Los sermones, las críticas, quitar importancia («eso no es nada»), los interrogatorios y reaccionar de manera exagerada. Si cuando cuenta algo difícil recibe una bronca, la próxima vez callará.

Hablar de nosotros

Contar cómo nos ha ido el día, qué nos ha hecho gracia o nos ha preocupado, les enseña cómo se hace.

Reuniones familiares

Un rato semanal para hablar de planes, repartir tareas y resolver problemas da voz a todo el mundo.