El estilo democrático combina dos cosas que a veces se presentan como opuestas: calidez y exigencia. No es autoritario, porque escucha y explica; ni permisivo, porque mantiene los límites.

Sus claves

  • Afecto explícito. Que el niño sepa, con palabras y gestos, que es querido.
  • Normas pocas, claras y explicadas. El porqué importa.
  • Consecuencias coherentes y proporcionadas, anunciadas antes y aplicadas con calma.
  • Escucha. Su opinión cuenta, aunque la decisión final sea del adulto.
  • Autonomía progresiva. Dejar elegir y asumir responsabilidades según la edad.

Cómo suena

En lugar de «porque lo digo yo», «a las nueve se apaga la pantalla porque necesitas dormir; puedes elegir si el último rato ves un capítulo o juegas». En lugar de ceder ante el llanto, «entiendo que te enfades, y la respuesta sigue siendo no».

Dudas frecuentes

Negociarlo todo no es ser democrático: hay normas que no se discuten, como las de seguridad. Y ser firme no es ser frío.

Para empezar

Elegir dos o tres normas importantes, explicarlas en un momento tranquilo y mantenerlas con constancia. La coherencia entre los adultos de casa ayuda mucho.