Un juguete en el supermercado, cinco minutos más de pantalla, quedarse a dormir en casa de un amigo. Los niños piden muchas cosas al día y cada respuesta nuestra les enseña algo sobre cómo funcionan los límites.

Antes de responder

Conviene pararse un segundo y pensar si la respuesta es sí, no o depende. Un «déjame pensarlo» es preferible a un no precipitado que después convertimos en sí.

Si la respuesta es sí

Decirlo sin condiciones añadidas a última hora, y aprovechar para reconocer la manera de pedirlo: «Me lo has pedido muy bien».

Si la respuesta es no

  • Decirlo una vez, con calma y con un motivo breve. No hace falta una conferencia.
  • Reconocer el deseo. «Sé que te gustaría mucho» no quiere decir ceder.
  • No cambiar por insistencia. Si el llanto o la repetición convierten el no en sí, aprende que insistir funciona.
  • Ofrecer alternativas cuando las haya. «Hoy no, pero el sábado sí».

Enseñar a pedir

Podemos mostrarle cómo hacerlo: mirar al otro, pedirlo una vez y aceptar la respuesta. Y elogiarlo cuando acepta un no sin rabieta, porque es una habilidad difícil.