El tiempo fuera consiste en retirar al niño, durante unos minutos, de la situación en la que se está comportando de manera inadecuada y de la atención que recibe. La idea es sencilla: sin público y sin estímulos, la conducta pierde fuerza y el niño puede recuperar la calma.

Cómo aplicarlo

  • Elegir un lugar aburrido y seguro. Una silla en el pasillo, nunca un espacio oscuro o que dé miedo.
  • Avisar antes. «Si vuelves a pegar, irás un rato a la silla».
  • Que sea breve. Como orientación, un minuto por año de edad.
  • Mantener la calma. Acompañarlo sin gritos, sin sermones y sin discutir por el camino.
  • Cerrar bien. Al acabar, recordar en una frase qué se esperaba de él y volver a la normalidad.

Errores frecuentes

Usarlo para todo, alargarlo cuando protesta, amenazar sin cumplir o usar su habitación llena de juguetes. Tampoco funciona si el resto del día hay poca atención positiva: el tiempo fuera solo tiene sentido cuando el «tiempo dentro» es agradable.

Cuándo no es adecuado

Con niños muy pequeños, ante el miedo o la tristeza, o cuando el niño necesita ayuda para regularse. En estos casos conviene acompañar, no apartar.